Todo está tan frío. Todo es tan frío. Entre nosotros, digo. No, no somos ningún par de amantes, ni hemos redescubierto la idea del romance. Somos amigos. Perdón, éramos.
Cómo es posible que todos estos años hayan pasado y su fruto se desvaneciese, como arena que se lleva el viento.
Ni siquiera puedo decir que ambos hemos sufrido esta pérdida. Sólo yo cargo una flecha rota en el pecho. Tú no has perdido nada, de hecho nada nunca existió.
Hay una sangre que gotea. Es un dolor paso a paso, gota a gota. Un dolor en silencio, un dolor avergonzado de estar ahí. Cómo es posible que sienta dolor, ¿si la amnesia es la actitud más cómoda que existe? Por lo menos eso es lo que tú has demostrado.
Te gusta ser un pobre lacayo, un secretario que persigue grandes ideales en las vidas de otros, pero nunca en la suya. Olvidas a quienes de verdad te han querido. Quienes de verdad amigos tuyos han sido. No les necesitas. Ellos tampoco necesitan el dolor que les has causado, pero seguirá allí por un tiempo, hasta que la herida sane, y ellos también te suelten como arena en el viento. Esa arena irá a parar a un desierto, vamos, tu lugar favorito y nunca mejor dicho.
domingo, 23 de enero de 2011
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